Como infecté mi empresa de virus y no el de la gripe. Caso real de un ataque informático.

Cómo infecté a mi empresa con un virus… y no el de la gripe.

Lo último que recuerdo fue el caos. Lloros, ataques de histeria (en particular de mi jefe que con la mano en el pecho decía que le daba un infarto), carreras y gritos, muchos gritos. El que más recuerdo es “salvar algo por dios”. Antes de esto, todo está difuminado en mi mente. El ataque informático y los virus son cada vez más frecuentes, saber evitarlos es necesario para la protección de los datos. La ciberseguridad comienza la formación del usuario.

El día comenzó como cualquier lunes. Te diriges al trabajo con un jet lag causado por el fin de semana, que comparado con el transoceánico éste se queda en nada. Sólo vas suspirando por las esquinas por la falta de horas de sueño, y lo bien que estabas tú en la cama.

Así que, para quitar la modorra, me conecto a la primera Wifi gratuita que encuentro, porque si es gratuito no lo voy a desperdiciar ¿no? ¡que ya pago mucho de factura de teléfono, aunque tenga tarifa plana!

Ojeo las noticias (todas negativas), la política (otra vez Trump), el futbol y los foros… oh si los foros… son muy importantes si no ¿cómo hablo con Paco durante el café, de la liga? Por cierto, tengo que pasarle un USB que me dio un amigo con unos archivos de música geniales, para que escuche en el trabajo.

Al llegar al trabajo, no noté nada extraño. Todo era normal, como un día cualquiera de lunes, vamos… que la energía brillaba por su ausencia.

Me senté en mi sitio, conecté el movil y el portatil que traje de casa para trabajar, a la red wifi de la empresa. Por aquí mi jefe es muy enrollado, y nos permite llevarnos el portátil del trabajo los fines de semana a casa. De esa manera suplimos guardias o damos asistencia a clientes en apuros. Por lo que no necesito comprarme un portátil para uso privado, ya que con este hago todo.

Que hablando de hacer todo, el sábado me descargué una película interesantísima de una nave espacial que transportaba humanos de la tierra a otro planeta, porque habíamos acabado con el mundo. ¡Vaya tontería tú! pero la peli estuvo bien. Tengo que decirle a Paco el sitio web, para que se descargue él también la película. No me acuerdo del nombre era algo de piratas… tengo que buscarlo de nuevo por la web.

El lunes pintaba ajetreado, había mucho trabajo y yo con el jet lag del fin de semana…. y para colmo me sale un caso de urgencia, nada… un chute de cafeína y para adelante.

¿Conocéis ese momento en que las cosas se tuercen y no hay retorno? Si ¿ese cuando lo primero que te viene a la mente es la palabra mi***a un virus? pues yo lo sufrí.

Cuando estaba en pleno frenesí laboral, que no va y empieza a aparecer la mosca. La dichosa mosca de los avisos de mi ordenador, ¡que pesadez tú!, ¡que ahora no puedo!, ¡que no estoy para gaitas de actualizaciones…! (A dias pasados me doy cuenta de que las actualizaciones del antivirus, los avisos de actualización del sistema operativo y demás notificaciones de virus hay que tomárselas en serio)

Si le hubiese dedicado unos segundos la mi***a de antes, nunca se hubiera producido.

En mi defensa diré que las actualizaciones de antivirus y de software son muy cansinas, aparecen siempre en momentos inoportunos, y además ¿quién pierde el tiempo en eso?

Seguí con mis labores diarias, ya que lo único que piensas, es lo menos que te queda de lunes.

Por lo que me puse a abrir el correo. En la bandeja tenía 101 correos. ¡Horror! pensé. ¿Y me tengo que leer los 101? Admitámoslo lees los primeros cinco, pero tras éste empiezas a abrir y ejecutar correos a diestro y siniestro. Que si un doc., un exe., un Zip…

Y así como fue como sucedió. Entre clic y clic de ratón. Llegó el caos, la histeria y los gritos.

No sé de qué manera perdimos toda la información de la empresa. Lo que sé, es que la empresa que se encargó de nuestro problema, nos comentó algo de un rescate, de varios virus y de algún troyano.

Y hablando de troyano…, no le he dicho nada a Paco de la web donde descargarse películas gratis.

Lo que puede llegar a resultar gracioso o de ficción en la narración anterior, es la realidad cotidiana de los usuarios actuales. La falta de información, concienciación y de formación hacen que las personas seamos el eslabón más débil en la cadena de seguridad de los datos.

A día de hoy todavía nos encontramos con empresas donde poco o nada les importa la seguridad de la información y la pérdida de ésta no les plantea ningún inconveniente. La falta de rigor a la hora de adoptar la nueva RGPD supone un tropiezo más en la ciberseguridad. En un mundo cada vez más interconectado “poner puertas al campo” es imposible, pero si se exige una concienciación diaria de lo que ocurre en nuestro entorno.

El ataque informático y los virus  en la mayoría de los casos que entran en una empresa, vienen causados por el comportamiento humano. Hay casos interesantes y tan graciosos como los narrados arriba, de grandes corporaciones e incluso instituciones a nivel mundial que han perdido todos sus datos por la negligencia humana. Y, por cierto, nunca se han puesto en conocimiento de los afectados… pero esto es otra historia que de momento no pienso contar.

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